miércoles, 30 de diciembre de 2009

no siempre alivia este luto

Último testamento
de 2009
escrito en un post-it.
Fechado y con rúbrica.

Válido.

Contra:
la desmemoria, el sacapuntas senil,
el marcador fluorescente, el despiste,
el olvido, el tippex verdugo blanco:

Los testamentos
vitales
con que siembro
indomable
cada grieta del escritorio.

Ahí está
mi verdadera voluntad.

La pérdida
y la perdida.


Nares Montero

(mini) manual de instrucciones

Mi amor no es invisible.
Tenemos orondo el cuerpo
y no queremos corsés
que nos confundan con muertos.

Mi amor no consiente flores
que vengan con alergias previas,
es suyo ser inmune a la jalea.
Es antihistamínico en tragedias

Mi amor no pinta nada
tenemos las manos embadurnadas
sin técnicas, fórmulas, ni escuadras
de una tinta que parece mermelada

Mi amor no ata cabos,
no arponea con remilgos,
nos sabemos las mareas
las noches que salimos de pingo.

Mi amor no es bajo la lluvia
vamos por la sombra que chispea
y así dejamos los alcorques
para quien viste su amor de primavera.

Nares Montero

lunes, 28 de diciembre de 2009

Una abuela por navidad

nunca la miro a los ojos
cuando él murió sentí lástima
algo que llegué a confundir con ternura

en el tanatorio
ocupaba un sillón en el que cabían tres
como ella
no llegaba a reflejarse en el cristal
no era siquiera pequeña
casi no se la veía

y suspiraba sin ritmo
auto-convenciéndose

creo que esa ocasión fue la última vez
que la miré a los ojos
tenía el pañuelo cosido a la mano derecha
siempre
con él se enjuga las misas
los responsos, los rosarios y el rostro
como si todo fuera lo mismo
como si todo se convirtiera en
algo estrechamente parecido

no sé si era la primera vez que lloraba
pero era un llanto tan habitual
tan sin lustre
que parecía que había estado ensayándolo
siempre
practicando la agonía
toda su vida

no sé porqué no puedo mirarla a los ojos:
quizá porque ese día no le llegó la libertad
(como esperábamos)
ni al cuello de la camisa
quizá porque con su rictus consiguió una vez más
que tampoco le llegara
a esa hija que nunca fue suya
ni a esta nieta
de quita y pon ya sólo por navidad
quizá por su mirada de eterna sospecha
sus gestos rígidos y sin piel
sus escasas palabras malencaradas
o esa culpa que escupe silenciosa.

nunca a los ojos
por si arde el resentimiento
por si un tropiezo
un espanto
una lástima que pueda confundir
otra vez
con ternura
o con vergüenza

Nares Montero

jueves, 17 de diciembre de 2009

La fuga

Cuando tus manos salen,
amor, hacia las mías,
¿qué me traen volando?
Pablo Neruda "Tus manos"
.
Cuando tus pies huyen
tristes
con el suelo a un palmo,
¿qué se llevan de mi pies de limo?
.
Conducen siervos
todo tu esqueleto nostálgico,
¿versan los pasos
con poesía
y otras artes olvidadas?
.
Yo los veo alejarse de mi mirada
como si quisieran tornarse sal,
igual que estatua,
y se arrepintieran
de no haber palpado mis caminos.
.
Se dirigen con ritmo suave,
sin opciones,
a un asilo de ancianos,
o a un exilio de acantilado
donde hierve el agua
de los pies a la cima.
.
Nares Montero
(del poemario inédito "Papel fotográfico")

Es un primor

A Jose Luis Zuñiga

Lo he intentado
lo juro
.
escondí el bombo
y los platillos,
las castañuelas,
las chácaras,
incluso el papel albal
y las bolsas de plástico
para no hacer ruido
.
pero el primor de los cascabeles
ah, esos no
.
guardé el silencio
de feria ambulante
el previo al aplauso
de boca cosida
con las agujas del carmín
.
pero ya no aguanto
lo juro
si he de recitarte
henchida
violeta y temblorosa
a quemarropa
que así sea
.
a mares en plena libertad
donde haga falta
.
vocalizaré tus verbos subversibos
desbrozaré verbos y adjetivos
y si mi lengua se entorpece
volveré a empezar
.
volveré a recitarte
donde haga falta
lo juro
.
Nares Montero
.
Lo que ahora sigue me lo dedicó "Zuñi" en un arranque de cariño y yo me siento tan orgullosa que no puedo dejar de ponerlos aquí. Como si pusiera un Rembrant en la nevera, esta nevera que sonrie tibia bajo sus versos.

POEMA A MARES

A mares,
mujer de los zapatos y los labios,
a mares rojos, abiertos en canal,
a mares dejo
mi palabra en su boca,
mis voces en la suya,
mi cabeza en sus dedos.

A sangre,
a la primera sangre se hizo el duelo,
mis libros exteriores fueron peces
de colorines
bailando en la pecera,
mi corazón sangraba
dulces gotas de leche.

A muerte,
me abandoné en la escala de los sueños
que eran mis propios versos renacidos.
Nuevo sonido
que penetró mis venas,
que se hizo nuevamente,
que trasmutó el ardor.

A Nares
le debo todo esto y algo más:
lo que me escribe ahora, en el sosiego
de este diciembre
que ya empieza a nevarse
con los versos que un día
recitará por mí.

JOSE LUIS ZUÑIGA
(te ailofyu maestro)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

espectáculo público

Supera
los límites
de lo estrictamente necesario
se torrencialmente eléctrico
conciso, seguro
Mortal

Y después ven conmigo
a vestirte en público
Reivindiquemos
que nuestro exhibicionismo
de caracola
de látigo
de beoda lujuria
no tiene nudos marineros
ni corbatas

Ven a vestirte
delante de todos

Que sea obvia
su rancia desnudez

Nares Montero
(a K, recién salido del horno)

Enajenaciones virtuales


Es una iniciativa disparatada, por eso la secundo!
Si tú también quieres hacerlo pincha en la imagen (o aqui) y deja tu granito de arena, tu cucharada sopera, tu lengua de bala... tu comentario, coño!
Nares Montero

martes, 15 de diciembre de 2009

La ruina

Un día
morirá el último
de los pretendientes
que no
(nunca)
hacen cortejo

se vaciarán los bares
de pavos
reales

y existirán más
mujeres malas
que botellines

entonces
tendré que:
... .enamorarme
... .dejar de salir de noche
(y lo que más me jode)
... .tendré que ser buena

para poder marcar
la diferencia.

Nares Montero

viernes, 11 de diciembre de 2009

breve despedida

Me voy

al calor de
los robles escarchados
a los pies descalzos
en el camino de grava
a la recia sutileza castellana
de montañas arcillosas
y eternas encinas

al frío más sano
el de la familia
a los recuerdos de
una infancia cosida
con los retales
que fueron sobrando
a abuelos muertos
primos lejanos
tíos huérfanos
de madre, soltera.

Me voy

a esconderme
entre la lana virgen
de un cielo preñado
de calostros
de huevos pardos
del corral abandonado
donde se esconden los gatos
que no se reconocen
en tus pupilas de urbe

al colchón de musgo y
al alto de la leña
donde me sobran
Tú .tus tejados
Tú .tus quinielas
Tú .tus señales
Tú .tu memoria

y esta filantropía rabiosa
de pretenderte en noches de neón
en garitos vacuos y copas vacías
en carreteras de niebla
pasos de peatones
coches tuneados
camas en pensiones
donde me como las sobras
de la cena

Me voy

a buscarme
en los capachos
aplastados del desván
en los radios torcidos
de la bicicleta
en las cántaras
que colman telarañas
en la boina apolillada
nido de gurriatos
y en el tiempo rancio
que nadie cronometra.

Me voy
al pueblo
el fin de semana




Nares Montero

jueves, 10 de diciembre de 2009

ojos como moscas

En el cercanías
se pierde la cobertura
cuando entramos
en el útero yermo
del túnel

la pérdida
se personifica
en las manos apretadas
dentro de los bolsillos,

buscando en el bolso,
revisando los mensajes enviados,

haciendo sonar los politonos

y desespera, claustrofóbica,
en ese espacio de ondas capadas.

los legañosos viajeros

boquean y

observan sus estériles
teléfonos
no les queda más

remedio
que intentar
no mirarse a la cara

ojos como moscas

de zapato en zapato.


Nares Montero

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Hombres como vosotros


Ocurre que
los hombres como vosotros,
en días como estos, de noches singulares,
necesitáis una camarera cariátide
aliada de sueños persas
y condenada en su entablamento.
Con un escote-precipicio lleno de tiempo
para escuchar cuando, venidos abajo
por otra mala mujer,
os ausentáis en los hielos
que desechó el borracho del final de la barra
y paladeáis palabras
como si de verdad fuerais a decir algo,
importante,
y nunca decís nada.

Ocurre,
hombres como vosotros,
hambrientos,
en días como estos
(que pueden ser cualquier noche)
preferís la frontera no traspasable
de un bar mugriento,
donde abrillanten con ginebra
vuestras manos de madera,
que tocar las lindas lindes
de una mujer
de carne y huesos.

Hombres como vosotros
en noches sin días que sumen más noches
esquiváis las esquinas
no sin provocar cierta gracia
a los gatos
y vendéis vuestra alma
en callejones a
quien por vendetta
quiera dar una estocada
(no siempre a derechas).

Hombres, vosotros
en esa ceguera propia
que os da la experiencia técnica
de la luz turmalina
solo
sabéis andar si es heridos
en estos días.


Nares Montero


Imagen: "Bar del Folies-Bergère" de Edouard Manet

lunes, 7 de diciembre de 2009

a nadie

Nunca abras la puerta

La vida se va al carajo
los ahorros
esta pared llena de moho que nos resguarda

Nunca abras la puerta
al desconocido
a ese que busca el pulso en el grito

al silencio que se queda
entre las grietas
de la tarima carcomida que pisamos
nunca abras la puerta

Y si la abres
en la inconsciencia de la hora de la siesta
mientras tu madre dormita en el sofá

Si la abres sin preguntas
y esperas a papa noel
los reyes magos
el cartero
la vecina cómplice que te da galletas
la viva esperanza que estrecha tu pecho

Si la abres
No llores porque no te lo advirtieron.

Nares Montero

viernes, 4 de diciembre de 2009

Tiempo a destiempo mira como tiemblo.

Madrid 4 de diciembre de 2009

Querida Queens!

A pesar del ruidoso ajetreo reinante en el departamento de contabilidad de esta empresa situada en el barrio de salamanca, en la quinta planta del sector interior, en la segunda mesa o la tercera, según de donde se venga, de la segunda fila, casi, casi en el centro de esta pecera asfixiante, se ha creado una burbuja que guarda el tiempo y el aire que atesoró, como una hormiga, su habitante, discreta y callada. Ahora no la inundan los papeles, los sortea o los tira por las ventanas como panfletos, propaganda o confeti, y disimula en su silencio una sonrisa tramposa de “ya acabé” o “hasta aquí lo que se daba”.
Aún tiene que aguantar unas horas a que el candado del reloj deje abrir la puerta al viernes y a la luz natural, y te escribe, y escribe, desde una esperanza creada a base de impulsos, de pequeños ticktequeos y algún que otro estornudo traidor:

Cuando llegué ayer a ese hogar-epicentro que llamamos Libertad 8 estaba desierto. Quiero decir sin nadie. Del suelo nacían las sillas como cactus y la excepción se escondía y trasteaba con botellas como un jerbo egipcio trastea las dunas en la noche.
- Julián! Julián! Ponme una cerveza, ¿Cómo es que no hay nadie? ¿Es aquí el recital? ¿Me habré confundido yo de tarde?
Al cabo llegaron dos personas despistadas y las sillas volvieron a su estado natural, como si nunca hubieran sido un oasis, después el protagonista de la tarde, Jose Luis Zuñiga, azorado y con un desasosiego en la manga izquierda de la chaqueta que le instaba a hacerlo todo raudo y a la vez y repitiendo: Menudo atasco! Y qué cabreo! Menudo atasco!
Se veía casi como Visnú, la diosa omnipresente hindú, con tanto brazo sin saber que hacer con ellos. Presentaba, a pesar de tanta prisa, a tiempo, su libro “Tiempo a destiempo”. Y su María Pasión danzaba entre la gente saludando entusiasmada con esas manos de dar rienda suelta a los abrazos.
Como ya te comenté Zuñi (a partir de ahora) me había pedido a mano armada, como después él mismo dijo, que le recitara unos poemas.
En dos semanas, dos veces, dos poemas cada vez, mismo escenario y modelito, quizá no es casualidad. Sospecho que ese escenario siempre me hará temblar.
Zuñi soberbio, como un trino que canta en una pajarera gigante labrada a mano. Una artesanía perfecta con ese resquicio al miedo y a lo ácido, al humor amargo de un gin tónic. Hablamos lo que pudimos después. Después nunca es suficiente, pero a veces ay! A veces.

Había quedado con Antuán, eso también lo sabes, pero se nos sumó alguien interesante que no nos dejó hablar demasiado, pero tradujo la historia a un tiempo cercano y hablaba él, interesante él, hablaba y hablaba, tanto como un pez sediento. Al tiempo nos escapábamos, sin perder ripio a nuestro nuevo amigo, por supuesto, por turnos primero Antuán, después yo a escuchar el concierto de Fede Comín y Elena Bugedo (BBC y los minicomponentes) que son exquisitamente tiernos y sensibles. Sus canciones, son como un delicado baile infantil, un juego en susurros, y a ti que sonríes como el paso de los pajaritos y eres una milonga esponjosa seguro que te gustarían.

En esas andábamos cuando por la puerta apareció ese hombre que aún no sabe que soy la mujer de su vida. Tiene muchas virtudes pero su defecto más evidente es no saber, no saber, que soy yo y no otra, la mujer de su vida. Disimulé con tanta maestría que hay quién diría que anoche ese pudo ser mi oficio. Entró, echó un vistazo a la sala y volvió a la barra con un séquito de faunos que era toda una fauna, salvaje y desbocada. Al volver, nos miramos como de lado, indigentes. Yo pensando que no me reconocería y él… qué se yo que estaría él pensando… y qué me importa!. Con un rápido movimiento de cabeza volvió a mirarme como cerciorándose que efectivamente, era yo, era yo y no otra, y me saludó tímido con un “Hola ¿Qué tal estás?” y dos besos. Dos besos, que yo de muy buen grado hubiera transformado en uno, si no fuera porque en estos tiempos no quiero ir de ese palo y prefiero jugar a la distancia de una copa de vino. Se colocó de espaldas, estoy convencida que a propósito, nocturnidad y alevosía, aunque mi agravante es aún peor: facilidad “ilusionante”, crear cuentos y ponzoñas fantasiosas. De vez en cuando volvía la cabeza como quién busca en su hombro un hormiguero o un copo de nieve y yo sabía (quería saber) que me observaba desde su nuca bien perfilada, su cuello subido, la comisura de su boca. Hubo un momento en que intercambié mi pseudo-tarjeta de contacto con el interesante pez hablador y tuve que decir mi nombre en alto para especificar que un dato faltaba en el trozo de cartón. En ese momento ocurrió. Nada nuevo ni perfecto, nada relevante o selecto. Fue sólo un gesto de esos imperceptibles pero significativos. Con el gesto, subrayó mi nombre, corroboró sus datos mentales, miró de soslayo travieso, confirmando esos comentarios sueltos que voy dejando en su diario. Después, no paso mucho más, alguna que otra mirada parecida, un deslizamiento sutil para quedar frente a mí en vez de espaldas y alguna que otra fantasía que me inventaba ilusionada. Al irme no me despedí, aproveché un momento en que revisaba la trastienda del local, no fuera a sospechar que ando enamorada. Nada más lejos de la realidad!

Ahora te dejo, porque lo demás fue dormir y callar y espero verte pronto y poder decirte tantas cosas… que aún no he mencionado.

Te quiere, tu amiga.

Nares Montero

jueves, 3 de diciembre de 2009

Mi voz es la ignorancia

Gracias a Batania descubrí a Sharon Olds y a Ryszard Kapuszinnsky
entre otros.


Imprimí sus poemas, a sabiendas,
y compré los libros entusiasmada.


Repito compré los libros entusiasmada.


Me suelo entusiarmar con facilidad si compro libros,
también me pasa con las frutas y verduras.
Ayer mismo compre 4 y kilo y medio de mandarinas.


No me entusiasman tanto las polémicas,
que se hieran susceptibilidades,
que se tomen decisiones radicales,
que la vida se nos torne morada berengena.




No conozco a Batania, ni a tanto otros a los que leo diariamente
no conozco a Pepo el editor, que tiene razón,
su parte de razón, justificación suficiente, educación y la ley de su parte.




Pero descubrí a Olds gracias a Batania


y hoy amo
un poco más, si cabe,
la poesía.


(Temo caer en mi propia trampa y pecar de moñas
pero en fin... a veces pasa, yo también me confundo)
***





Esta tarde, un amigo al que admiro y quiero,
Jose Luis Zuñiga
presenta:


"Tiempo a destiempo"


(con escrupulosa puntualidad)


Me ha invitado a recitarle un par de poemas y yo engordo de orgullo.


Nares Montero
(yo también soy neorrabiosa)

martes, 1 de diciembre de 2009

internado


Los crucifijos parecían suspenderse en el aire en un ahogo.

Cuando se deslizaba la custodia a su oración dominical
todas disimulaban el sueño, fingían ronquidos,
respiraciones profundas como de bosque.

Algunas más pequeñas
miraban entre la tibia oscuridad de las
luces de emergencia, muy quietas
el Cristo

que no daba sensación de amparo,
muy quietas.

La Morena trampeaba.
Sus puntillas eran famosas muestras de discreción.
Con aviesa mirada
levantaba el toque de queda
perfeccionamiento sibilino, maldad sutil bien aprendida.
Entonces se dirigía hacia la cama mueble
con ademán de enterrador
levantaba la patas
45 grados.

La niña recostada de espaldas
giraba entonces sobre su eje y
muchas veces
se imaginó un abismo de salvación
en el hueco, funerario.
Lo que venía era peor.
Sabía sin saber de hipérboles aún
que sus manos se trenzaban rubias,
sus piernas tornaban duras y marmóreas,
su llanto ahogado y en suspenso como una charca verde,
y el temblor difuso en la inclinación
no eran la mejor defensa,

ni las flechas que evaporaba su boca,
ni el ardor de las mejillas de fuego
ni el pijama recién lavado y puesto.

-Viene la peque - decía - recién nacida de casa,
veamos que nos trae de regalo ahí debajo de la bragas.

El Cristo no respondía
era una estalactita sempiterna y muda.

Entonces la niña se vaciaba de líquidos mientras poco
a poco
el algodón le frotaba los muslos y las manos de nieve tapaban
su boca.

Una risa floja de estiércol se clavaba en sus oídos
y las retinas se volvían cruces.

Sucia - decía La Morena- niña sucia.

La custodia volvía a la hora de siempre,
a las 11 o las 12 post meridian,
oía el rumor fluorescente de
las luces de emergencia,
repasaba minuciosa los cuartos,
cubría destapadas criaturas limpias y giraba la cabeza
cuando sentía un temblor lejano de ramas crujiendo
de noche en vela. Nada veía.

Ahora,
(que ya no es niña)
en los días en los que se ducha 6 veces y conoce
alambradas y valles, desiertos derroches, la identidad de la mentira
la inexistencia de custodios y ángeles,
y su piel tiembla agrietada de agua, y grita:
niña sucia,
niña sucia,
hasta sangrar de memoria

hace poemas como este.


Nares Montero

lunes, 30 de noviembre de 2009

dientes de leche


¿Es por Natura
o justicia simpática
conservar el pueril encanto en mi boca
- 27 diciembres –
a cambio del escarnio infantil?

Pronto se acerca la hora
Me descubro señora
que viaja, vieja, juvenil

Pronto tendré desdentada el alma
y no podré ni morderte los bordes de las orejas
ni los cantos de los ojos
ni el cerrojo de la sonrisa

no podré dentellear tus límites
no sangrarte ni mecerme en tu pulso discreto

pronto en los huecos bucales
cabrán los vaivenes
de abandonados columpios

pronto se cerrarán las puertas de esa isla continente
de ese mar que es un lago
de esa lengua, premura de besos
lisonjas y halagos mortuorios

Inocencia
que enamoró tus manos
y te ató a mi
Pero pronto
ya no.

Ni eso
Ni bocados


Nares Montero

domingo, 29 de noviembre de 2009

Los misterios de la máquina de escribir VI: Escondite.


- Diablos de pantalón!

Notaba como un hilo de aire le subía por la pernera y se escondía en los muslos sin llegar nunca hasta su boca.

Los golpes han cesado hace rato. Tapa el pique de la pared metálica con la yema del dedo y la energía oscura lo envuelve todo. La nada pesa. Han cesado los golpes amortiguados.

Los muchachos le contaron que sería así, un eco, hueco, que sabe rancio, donde no se distinguen las palabras. Todo lejano. Voces de ultratumba, distorsionadas como en el río, cuando bucean hasta lo más profundo. Ahora ya no les dejan, dicen que el agua está sucia pero siempre estuvo así. Si no abren los ojos no escuece ni nada, pero ahora ya no les dejan.

-Voces de ultratumba... no pienses! No pienses! Cierra los ojos fuerte. - Grita y las palabras rebotan de las paredes a su cuerpo, de su cuerpo a las paredes. - No pienses!

Madre cose ropa en la silla baja, todo huele a miel y almendras. En la calle los muchachos le llaman a gritos. Miel y almendras.

-¿Y si ya es de noche?

Sus pies descalzos se encogen de frío, hace rato que le duelen las rodillas y se agarra el pantalón con ambas manos. Esa postura.

Pensaba en matarlos, a los muchachos, pensaba en matarlos. No de verdad, claro, pero esto había dejado de ser una broma hace rato.

- Se han pasado de castaño oscuro - Repetía.

Eso dice padre cuando el otro llega tarde: -Esto ha pasado ya de castaño oscuro.

- No te encontrarán! - Gritaba el eco. -Claro que no!-.

- Si ni yo sé donde estoy. - Pensaba él.

El mareo y las tripas llenas de protestas le martillean.

-¿Cuánto tiempo habrá pasado?

Se hace mil preguntas por segundo. La cena, las botas perdidas, la noche, animales, los muchachos, el frío, los golpes, no hay golpes. Ya no hay ruido.

Padre ya debe saber que faltó a la escuela.

- Me la cargo! Padre me mata.

Este es un buen escondite.

Nares Montero

jueves, 26 de noviembre de 2009


Mi victoria es
mantenerme en pie.


Nota:
N.M.


Imagen: El origen del mundo (Gustave Courbet)

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La distancia

Buenos días, Engranaje perfecto:

He llegado a trabajar hace un rato, creo que aún se confunden en mí ciertos efluvios y humos nocturnos, pero desde ayer por la tarde llevo pensando en escribirte. De hecho te he conjurado de alguna manera desde ese momento varias veces en pocas horas. No pienses mal. Que a mi lo del amor no se me da muy bien en estos tiempos.
El caso es que el lunes no fue un gran día, la noche mejoró considerablemente las cosas, pero no fue un buen día. El tedio del trabajo y una ansiedad que se me alojó en algún lugar entre el corazón (o lo que queda de él) y el esternón, no me dejaron en paz ni un minuto. Salí a las seis de la oficina como alma que lleva el diablo y no sabía dónde meterme. Hice un par de llamadas con la desesperada intención de un rescate, pero no contestó nadie al otro lado del auricular salvo la socia capitalista que me dio un plano de situación y me guió hacia donde tenía que ir entre la ceguera de no poder respirar. A veces me pasa lo de la ansiedad, y poca cosa me calma. El caso es que andando, ya sin el teléfono en la oreja, pasé por una calle del centro que tiene muchos microclimas y submundos entre sus portales y en una de esas me metí como por arte de birlibirloque en una librería que me llamaba a gritos (mila-gritos) desde la otra acera. Hay que decir que además es una de las más deliciosas librerías de Madrid. Pues ahí en ese minúsculo reducto de coherencia y sentido, que sólo saben darle las palabras y los libros a la vida, recuperé un poco todo ese aire perdido. Curioseé por las estanterías y en un momento en el que me quedé sola con el dependiente me decidí a pedir lo que necesitaba, le dije:
-Te va a sonar extraño, ya sé que esto no es una farmacia pero… necesito un libro que me calme, y es urgente porque el suelo comienza a agrietarse debajo de mis pies.
El librero me miró, se tocó un momento la barbilla y dijo algo así como:
-A ver que tengo por aquí.
Pronto empezó una danza, entre derviche y vals, de un lado para otro sacando libros de las estanterías u ocultos bajo otros en los expositores. Y explicando de cada uno de ellos su posología completa. Ante mi estupefacción decidió poner una silla ahí, en un rincón, y pedirme que me sentara y leyera un relato de uno de los libros seleccionados para ver los primeros minutos de evolución tras el diagnóstico, el relato se llamaba “ La revolución” (muy propio). Mano de santo. Después de algunas dudas decidí llevarme dos libros y ahí es donde entras tú, o tu recuerdo. Casi no podía esperar a encontrar un hueco en algún bar cercano para empezar con el tratamiento. Me sentía desfallecer y sabía que lo único que podría aliviarme eran esas páginas plagadas de símbolos curativos.
El primero lo he leído en ratos y ayer martes, demasiado pronto, lo terminé. Ese es el momento exacto en el que supe cual sería tu regalo. Cristalino. Me duchaba y arreglaba para otra noche entre cristales y falso glamour. La socia capitalista leía en voz alta, obligada, algunos retazos del libro, que yo vitoreaba desde el baño y a la vez me sorprendía pensando en la buenísima idea de regalarte algo tan apropiado mientras me pintaba los ojos. Como puedes imaginar ahora no se me ocurre ni de broma entrar en detalles acerca del presente. Aunque confío que te guste y logre sacar algo de tiempo para enviarlo cuando antes. Ayer era un concierto en uno de los bares habituales, sólo que era un concierto reducido y de alguna manera exclusivo, sólo para algunos de los fans más rápidos. Yo no soy (muy) fan y por supuesto no soy nada rápida, pero estaba donde debía en el momento justo unos días antes y me hice con una entrada casi por casualidad. Hubo un momento que el cantante dijo que permitiría hacer peticiones siempre y cuando la persona diera una razón concreta e importante para tal petición.
Yo hable.
Dije el título de la canción y él pidió la razón.
De mi boca salió lo siguiente: 4214 Kilómetros.
Él cantó la canción.
A veces las cifras son contundentes.

Es cierto que yo cantaba y reía un poco entre dientes porque todo el mundo se imaginaba un amor remoto y yo sabía, a ciencia cierta, que era otra cosa. Quizá algo más importante.

Besazos
N
(basado en hechos reales y con el beneplácito de Engranaje perfecto para publicarlo a la vista de todos los que tengan ojos y quieran ver)

jueves, 19 de noviembre de 2009

Faltas de ortografía

Escribo con faltas de ortografía
consciente inconsciente.
Que nunca seré capaz
de memorizarlas,
utilizarlas
de la manera adecuada.

Vuelo con b de beber y de bautizo
y a valla que salto
vaya si me provoca.

Porque yo salto para propulsarme
para preguntar al aire
desde donde viene
qué acentos le marcan los muros que derriba
qué memoria acecha al olvido
qué dudas siembran el camino
qué muerte huidiza de escaparate
qué pregunta correcta lo detiene

Escribo
con faltas de ortografía
por rebeldía.
Y quizá también
por ignorancia.

Nares Montero

domingo, 15 de noviembre de 2009

Recompensa

QUE la vida no va como nos gustaría es algo que todos sabemos y aceptamos. O casi. En los últimos tiempos la vida no se concilia conmigo, ni duerme en mi cama, ni deja que me lama las heridas a gusto. Antes la cosa era cuestión de paciencia o de tragaderas. De buen ánimo, talante. Y eso era agradable de puertas afuera. La gente lleva bien a quien aguanta, a quien llora poco y no hace mucho ruido. Pero como cualquier otro recipiente yo me colmo. Y para colmo me rebelo.

QUE la vida no va como me gustaría y no me callo. Y es peor. La vida no se pone de tu parte si decides tirar los platos al suelo. Montar un escándalo de cristales y porcelana y decir a grito pelado: "Esta bazofia no me la trago".

QUE la vida no va. Ni para alante ni para atrás. Pero no vengo a (des)montar campañas publicitarias, ni a echar por tierra slogans y carteles. A veces la vida no es perfecta y se contradice a si misma y acaba tirando algún salvavidas al agua. Si estás atenta lo coges y te mantienes un poco a flote. Bendita contradicción.

ASÍ, de salvavidas en salvavidas ha transcurrido mi semana, porque a veces una también tiene ganas de salvarse.

LAS recompensas vienen si estás atenta. Quizá también si tienes la sensibilidad a flor de piel y estas mirando alrededor en busca de poesía no gratuitamente cursi, sino de poesía. Y llega.

SUPERMAN te rescata en vuelo raso un viernes por la mañana, te lo desayunas en un París inventado, alborotado y castizo. Porque nuestro París está en la historia de unas fotografías a las que sólo el inaccesible y cauteloso superhéroe y yo le damos significado.

FRIDA viene como una brisa entre lágrimas justo cuando ella quiere llegar, cuando es su turno, y también es un rescate. Una señal, un recordatorio de libertad, una celebración de vida que viene editada después de años de descatalogación y búsqueda. Y yo me rindo ante esa salvajada, natural e incluso inocente.

SONIA San Román te pide un poema para 23Pandoras y con toda la incredulidad del mundo las casualidades de la vida se confabulan y le mandas Titulares y te sientes orgullosa por un momento. Desde aquí: gracias, sin saberlo me has devuelto un poco la fe.

ENTRE semana me aferro a todos esos detalles imperceptibles de magia cotidiana y su encanto dura más allá de los días, de este tiempo tempestuoso y lúgubre. Y llega otro viernes cansada de la tristeza que madruga, de tanto trabajo ladrón de sueños, de vapor sin sentido, de espejismo y eyaculaciones cardinales. Y no saber qué mundo habitas. Cagarte en todo y estar agotada. Y en un alarde de fuerza venida de no sé dónde dices que le quieres gritar al mundo entre canción y canción y te vas. Te vas.

EN Madrid existen, aunque la ceguera nos impida verlo, tantos lugares refugio, tantas huidas como tus ganas necesiten. Tanto alcohol, tanta vida escondida en los rincones, como pelusas en el corazón. La medicina que mejor cura no siempre tiene prospecto.

LA cita era sencilla: Alejandro Martinez en el Barcelona 8. Siempre encuentro un encanto especial en esperar sola con mi copa en un bar como si fuera una traicionada más, una desencantada, desdibujada, una mujer de tanto tiempo encima como maquillaje, de esas que dan pena y morbo a partes iguales. Y llega Queens y me convierte en una veinteañera (aún) y me trae más cariño del que creo puedo llegar a soportar. Con ese silencio suyo que es una ruina y un escándalo maravilloso de fuegos de artificio. Cada una con nuestros lastres y nuestros gritos ahogados, nuestros desastres. Y Menso saluda como si nos hubiera visto ayer y no supiéramos que más contarnos y Alejandro pregunta: ¿Quién me va a bailar esta noche?... yo no me pongo en primera fila para nada y se lo digo: Yo, mi niño, yo te bailo porque tú eres medicina. Y arrancamos a cantar y a bailar con las canciones y los despistes. Y se suceden a un ritmo vertiginoso y Alejandro me mira cómplice desde ahí arriba y yo sólo quiero cantar y cantar y no parar nunca. Y llega "Humo y vinagre" me emociono, Queens me da un clínex con un gesto que contiene más poesía que todas las flores del mundo. No puedo dejar de mencionar la versión que se marcan de "Una rosa es una rosa" reinventándola y clavándonosla a todos los asistentes en ese lugar sin nombre. Al despedirme no me aguanto y le digo a un Quique Gonzalez de "pasaba por allí" que su disco es increíble y me voy, que soy descarada pero para estas cosas me viene la vergüenza de donde no la tengo.

LLAMO por teléfono. A esas horas sabes que algún alma caritativa accederá a una buena charla a pesar de la resaca adolescente que lo invade. El Ruso mola. Nunca te dice lo que quieres escuchar, es tierno en pequeñas dosis y huye de la cursilería propia y ajena. Nos une Bukowsky y un leve desengaño por la vida a la que, por otra parte, le arrancaríamos la ropa si se dejara, la muy puta! Me lleva a un sitio muy "in" donde hacen unos mojitos de escándalo aunque él se abstiene de bebidas alcohólicas debido a los achaques que le frecuentan los viernes. Y es que los jueves arde Madrid por donde pisa con su look destroyer de pitillo, camisa y cazadora de piel. Aún quedan roqueros y como siempre digo "No hay rock que por bien no venga".

EL sábado se gesta una escapada al centro, que es como una selva por la mañana y por la noche la periferia espera. Se celebra el cumpleaños de Rick en una pequeña bodega en Carabanchel. No conozco a nadie. Pero eso a quién le importa. No damos regalos mutuos... yo me excedo en los mensajes y él omite el papel de regalo. A conciencia. Porque este tampoco tiene necesidad de ser superfluo. A saber: "Perdición", "Los sobornados" y "El sueño eterno"... toma ya!. Si quisiéramos acabaríamos con toda la cerveza y yo siempre sería una femme fatale apoyada en esa barra. Cuando hablamos creamos efecto burbuja. Cantamos: "Cuando vas a venir otra vez por aquí, cuando gire el poniente en tu pelo, tú tenías que hacer lo que había que hacer pero el mundo nunca era un pañuelo." (Del antes mencionado Q.G.) Porque nos sabemos los surcos a tientas. Cada instante, cada instante. Es posible que carguemos tanto de pólvora esos momentos que luego no nos veamos en meses por temor a que explote. Todo explote.

HOY en casa me doy cuenta de que la vida no va como nos gustaría pero a veces y en pequeñas dosis compesa. RECOMPENSA.

Nares Montero

jueves, 12 de noviembre de 2009

Si me engañas

Si me engañas
hazlo al principio
cuando mis huesos
aún suelden como es debido,
sin miramientos.
Y me lo cuentas
borrachos perdidos
para que yo pueda montarte una escena,
y te grite cabrón,
y hunda los puños en ese pecho
arañado de otra.

Si me engañas
no me mientas ni me escondas,
no me confundas con mojigatas tontas
que dejan de querer
por la alquimia de los cuernos
y les baja la libido
y las subes el sueldo.

No pierdas monedas
ni tiempo en flores,
bombones y collares.
Dibújame un corazón para la nevera,
cuéntame despacio los lunares,
tararea a Silvio en mi boca,
dime que me quieres a tu vera

Y búscame el perdón
entre los pliegues de la ropa
en la saliva que me arde
en la bilis que me sobra
en los párpados de arena
y si no lo encuentras
dímelo al oído
y en la derrota
te diré dónde está escondido.

Si me engañas
hazlo al principio.
Resérvame
el otoño
y tu hojarasca,
a sabiendas,
que has corrido piel y mundo
y no vas a encontrar
ninguna puta
que te abrace como yo
durante el invierno.

Nares Montero

lunes, 9 de noviembre de 2009

reconocernos los errores

he de reconoceros los errores

vuestras lanzas maltrechas y astilladas
vuestros besos esquivos y escorpiones
vuestros vuelos rasos y carcajadas de carcoma

en los días de sol
resistís esas jorobas de animal sediento
y las camufláis entre las líneas de los pasos de peatones

en los días de lluvia
esponjáis la nostalgia y el regodeo húmedo del tiempo
os esconde los pies entre los charcos

en los días de calma
arden solapadas las miserias
que dejáis detrás de la puerta y los balcones
agradecéis la puntualidad del camión de la basura
aunque el pregón ruidoso de su paso sea una dentellada

en los días de niebla
queréis salir a la calle y en ese derrumbe saber
a ciencia cierta
que nadie os reconoce
que es el disfraz perfecto

en los días de sueño

inventáis sonatas y aguardientes
os bebéis desnudos y por partes
los asuntos que tratan las heridas del pasado
como si dejaran de sangrar al pronunciarlas
después el silencio
con su vocación de esparadrapo
las ocultará para siempre

y miráis a los ojos al viento
que enreda las manos en el pelo
y besáis y dejáis caer las lanzas
y la risa desgranada os devuelve otra sonrisa
y el vuelo sólo se detiene cuando

os despertáis
y volvéis a
reconocerme los errores


Nares Montero

domingo, 8 de noviembre de 2009

Los misterios de la máquina de escribir V: Consideración.


Hay sequía.

Él quería morirse en casa
y por eso sus últimas palabras decían:

"El agua es reutilizable.
Ya me había lavado
antes de ahogarme"
Nares Montero

miércoles, 28 de octubre de 2009

Toda lengua de hiedra

Toda lengua de hiedra
tonadilla
copla de tobillo que sube a las antenas
a receptores de dolor de masas
de carcajada oblicua

Toda la lengua hecha hiedra
el deseo
tan invisible
como los ultravioletas
al ojo humano
Y quema

Toda de lengua hiedra
los pies de raíces mojadas
donde todo lo cierro
porque tengo un miedo
atroz
a los finales abiertos


Nares Montero

sábado, 24 de octubre de 2009

El significado de las cosas

Es probable que no me importe nada.
Cuando digo nada quiero decir exactamente eso.

Aunque es cierto
que hay cosas que me preocupan
y no son nada,
y ocupan un tiempo que tampoco es nada.

Yo no sabría decir que es la soledad.

A veces pienso en ello tanto rato
que me veo mojada y sumergida
bajo el grifo del baño del internado.
Las voces de prisas mañaneras,
otras niñas,
suenan amortiguadas al otro lado de la puerta
y yo que no termino nunca
de quitarme las legañas
sólo sé que no quiero salir de allí.
No quiero. Tampoco estar allí.

El lugar, aunque concreto,
no tiene mucha importancia.
No más de la que tendría una sala de espera,
la cola de inem o unas sillas abandonadas
en la puerta de la casa del pueblo,
donde hace tiempo la gente salía al fresco
porque no había mucho más que hacer,
o que no hacer.

Tampoco sabría decir que es la felicidad,
la libertad, el deseo, la espontaneidad, el consuelo.

Busco flores en los cementerios
por si tuvieran un significado más allá de ese
escaparate de muerte. Pero no importa o no me importa.
Aunque me cercioro a cada paso de que murieron.
Todas y cada una de esas losas es la prueba.
Acaso alguno de esos nombres que rezan las tumbas
invadidas por el musgo y el tiempo
supo decir con palabras exactas,
el significado, exacto,
de cada una de las cosas en las que pienso.

Intenté encontrar entre los vivos,
o entre los que respiran,
quien me explicara
todas esas cosas que persigo y no me importan.

Ellos estában tan preocupados con el sueldo,
la comida, el tranporte público, el alquiler,
los mensajes de texto, el beso que no les dieron,
su jefe, la lavadora,
el programa que se perdieron ayer en la tele
porque la vecina vino a quejarse
del ruido que hacen sus pies
al calzarse los tacones a las seis de la mañana
cuando pintura de guerra y trayecto de dos horas por delante...
y el atasco y los charcos y el sudor de la gente
y esa enfermedad repentina al hermano de su abuelo
y el nuevo coche más caro y grande, los niños, la merienda,
el spa, y no tener tiempo ni para conciliarlo en paz.

Y todo absolutamente todo me dió tanta pereza,
tanta,
que comencé a imaginarlos ahogados,
diluidos y semitransparentes
sin ninguna violencia, pero silenciosos.

No tan diferentes a las tumbas.

Entonces me dí cuenta de que nada me importa
salvo el significado de las cosas.

Nares Montero

lunes, 19 de octubre de 2009

ESTA NUEVA SOLEDAD NUESTRA


Tengo la contradictoria sensación
de que todo lo nuevo anda roto
o a punto.
Como sí las grietas
se apoderaran sigilosas de
espejos nuevos,
miradas nuevas,
la nueva agenda 2010 vacía,
y todo el art nouveau del mundo.

La soledad nueva,
segundo a segundo nueva,
habla en otro idioma
y está perdida por las calles
de una gélida ciudad a altas horas,
desde siempre.

Fuerza, esa soledad,
un llanto nuevo que viene de un beso french
y un violento abrazo de entrañas.

Y el miedo
que junto a la muerte es lo único antiguo,
perdura y
cubre las espaldas
o las descubre
con la naturalidad de nubes y kilómetros
que separan a una ciudad de otra.

Se me ocurre que esta soledad,
tan sola,
solamente
es un best seller.

Quizá tú estas leyendo la página 82
y yo me quedo en la impar porque tiene más vocales.

Así todos andamos en páginas alternas.
Yo abro el libro al azar por si te encuentro
o me derrumbo.
No hay mucha diferencia.

Las vocales abiertas, siempre,
me hacen llorar.
Y tú.

Te alumbras en consonantes
guturales
para no deshacer el nudo
o el cordón que te une al mundo.

Esa es la distancia que nos separa.
Una lámina de pasta, papel prensado
e impreso.

Y
nosotros
presos
de tantas palabras
bebemos alcohol
a espuertas
porque parece que licúa
esta chaladura de tiempo.

No es cierto que estemos solos.
En la soledad no cabe: nosotros.

Tú estás solo.

En esa certeza
las palabras se cuelan
en los espacios mínimos
del equipaje,
en el deseo de pieles
extrañas
como navajas frías
donde bailas al filo.

Es normal,
la convencionalidad
de estado y de sitio
te obliga.

Yo estoy sola.

No tengo recuerdos nuevos.
Cuando recuerdo, siempre,
hay una niebla sepia
y olor a libro antiguo.
La humedad lo cubre todo
y el musgo esconde el blanco mármol
que parece nuevo.

La memoria no es cobijo
ni lumbre de esta, soledad,
chimenea apagada,
y el hollín,
con el que pintaba bigotes a los troncos muertos,
sólo es mugre y suciedad.

Es verdad que podríamos hacernos
una compañía de prostíbulo
entre otras cosas.

Tú podrías decir: mi boca,
digo, tu boca.
Y buscar el sabor suave de mi cuerpo.

Yo podría dejarme las marcas
como trofeos
y soñar que leemos juntos
con otras caras, otros versos.

Mezclarte con otros en poemas
me consuela, te confunde.

Quiero probar la absenta.
Creo que no va a ser muy distinta
a este burdel
en el que juego a quemar la vida.

Si Lautrec viviera ahora
o yo antes,
(esa que se sube las medias
empapada de sexo)
nos enamoraríamos.

Entonces la vida sería
tan asquerosamente perfecta
que nadie nos recordaría,
pero viviríamos orgullosos
provocando la nausea,
en gente de bien y estudios.

Llevaríamos mal la inocencia,
la fe y las creencias en lo invisible.
Discutiríamos por el lado de la cama,
la desgana y entusiasmo mutuo de vida.
Desgranada y hambrienta
la sangre
se nos mezclaría con el aliento,
la masturbación, el sudor caduco.
Y entonces seguiríamos estando solos,
abrazados.

Buscaríamos mapa a mapa,
entre las sábanas,
la marca o el lugar concreto
donde escondemos los monumentos
que edificamos sin ladrillos,
escuadras, medidas,
hormigón y saliva.
A tientas los torreones,
arbotantes, pilares y cimientos,
como sí alguno de los dos
hubiera tenido
en otra vida
vocación de arquitecto.
Como sí este silencio
que frecuentamos
no fuera un impuesto
que cobra
el gobierno de los ojos ajenos,
sino un páramo elegido por los dedos
para descansar de las democráticas caricias.

Esto que quizá parezca un desvarío
se recita simultáneamente
entre cifras exactas,
pitillo y pitillo
camarero: el menú del día,
la compra, el desamparo,
la vecina de enfrente,
vagón y vagón,
el metro: tengan cuidado
de no introducir su pie,
el bolso, el dinero, las llaves, internet...

y el mundo, nuevo a cada paso
se rompe y dice:

- No existimos,
porque,
a propósito de todo,
seguimos leyendo
páginas distintas.

En la soledad
nunca cabrá un nosotros,
pero si un para siempre.
Nares Montero
Imagen H.T. Lautrec

viernes, 9 de octubre de 2009

mi versión de los hechos

Tenerte atragantado
a ti
y al mundo
a partes iguales

Lugar trinchera
de los que huyen
de jugos gástricos

Esa zona en la que la tráquea
como tubo de ensayo
como falsa cañería vertical
como viga hueca

se descompone,

se bifurca en busca, quizá
de ti
o del mundo (Qué mundo?)

¿Dónde está el aire que nos respira?

Se encuentra
en una finisterra
de cartílagos y carne
o
en el sueño del mendigo tirado
en la esquina de tu calle

Donde falta el aire


Nares Montero

viernes, 25 de septiembre de 2009

Esto no es poesía

Tengo las ganas de llorar atadas a la clavícula derecha
El deseo de que secuestren mi inocencia sobrevolando como un buitre
Carroñero.

A veces sólo soy restos de lo que dejaron otras guerras
antiguas

Examino números
Minuciosamente escudriño cada dígito
en busca de alguna prueba evidente,
o alguna señal intangible,
de que ellos,
primos, naturales, negativos...
tengan, como otros dicen, el secreto mejor guardado

Sangro los días impares del verano
y ahora coagulo

Se me licúan los talones,
esos secos que rozan tierra, mientras se seca la sangre
al calor
Arde la cabeza, se solidifica el alma, y las ganas son puro gas
que se evapora
Los estados de la materia me invaden
sin pretextos de armas de destrucción masiva entre los dientes.
Sin expectativas ni fugitivos

Soy un regazo, o un abrigo?
Soy el cobijo de los cobardes

Y con un silencio entre los labios y un millón de
conjunciones
me dejo hacer
Miscelánea de encuentros rotos
taras alimenticias
remiendo, parche, tirita

Sé, en mi propio engaño,
vestirme por partes
y nunca por los pies, ese fetiche extraño

Tengo miedo. No de reconocer mis caídas
mis derroches, mis vaivenes, mis alambres, mis escudos
mis cencerros, mis campanas, campañas, cascabeles
mis esquinas, páramos y socavones

Tengo un miedo mezquino que sujeta el llanto
atado a la clavícula derecha... donde aún queda hueco.


Nares Montero

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ahorro

No contarnos cuentos.

Atropelladamente
nos saltamos los tiempos de cortejo.

Pirómana mirada antorcha
consume la duda.
O la aviva, o la nombra.

No derrochar en curriculums vitae.
Dar fe de la falsa legitimidad de los actos.
Prometer bajo juramento
que el silencio es (casi siempre) el mejor aliado.

Hay prisa por amar
incandescentes
insondables
noctámbulos

No contarnos cuentos
y creerlo
hasta perdernos de vista.

Nares Montero

lunes, 7 de septiembre de 2009

Titulares


Podría darte titulares para empapelar la habitación.

Hay una serpiente que repta el bajo vientre de los deseos.

Quiero jugar con el sur
como si fuera una palabra que desdibuja las olas
que sólo están allí. En los párpados viscosos.
En el calor más profundo, el de vainilla.
Cuando pienso en ello,
en eso que tú y yo sabemos,
siempre me imagino una niña dando vueltas
haciendo que la falda del vestido
alcance el cielo raso de su cintura
aún por formar.
Ríe y se marea,
como cuando me tocas.
A veces no sucede más que un escalofrío.
Otras, tengo la tendencia suicida
a lanzarme en tus brazos,
en el hueco, esa canasta.
Aterrizar en un aeropuerto fantasma
es uno de mis pasatiempos favoritos.
La hora de la comida se queda en los pulmones.
Llueve a cántaros (¡carámbanos!) en los pies.

Te escribo como si sonaras.
Como si tu refugio fuera mi caja de resonancia.
Un mundo perpendicular en el que los sucesos fueran, se fueran,
inservibles.
Todas las cuerdas te rozan y tu apareces,
tan de repente, como un susto de cine.
Sesión golfa.
Cubierto de gotas, húmedo.
Recién nacido en un invernadero.
Te rodean tomates y acelgas
y menguado pero maduro abres los ojos pulpa,
las verdes vainas que me piden
un susurro de alimento,
sexo postrero y maternal.
inicio de vida y un mundo limpio
que es una esperanza maltrecha.

Podría darte titulares y te doy la esquela de tu muerte,
porque no existes.



Nares Montero

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Teorías del color: día 1


Los días de sol blanco
nos habitan,
fluorescentes, traen
la promesa de una lluvia futura
como una náusea anclada en la garganta.
El verano caduca.
La piel, entonces,
es el tambor hueco que gira
en una lavandería olvidada.
Miras.
Ves la gente.
Camina a fuego lento,
sin dejar que nada hierva en las calles,
ni en las entrañas.
Los escenarios donde pintan sus derrotas
se convierten
en una vigilia obscena,
en un escaparate
donde un sol de cartón piedra
sonríe
maliciosamente.


Nares Montero

viernes, 28 de agosto de 2009

Artificio


No te conozco.

Otros te observan
sin esta mirada turística,
que es una elipse hueca.
La boca entreabierta
de un autoestopista.

Fabricas recuerdos
que llevar a las manos.
A mis manos
que no consultan mapas,
ni compran souvenirs.

Está el tacto de visita
por los pelos de tus brazos.
En el reloj, un mundo, detente!
Los segundos mueren por segundos
y se agotan.

No te conozco.



Nares Montero

miércoles, 26 de agosto de 2009

consciencia plástica


Los sucesos te tocan,
se filtran por tu piel, con poros,
como un escurridor que se vacía de agua.

No sabes ver las cosas si no es a través de tus ojos
(en el fondo están los posos, motas que manchan tus pupilas).
Del colador de tu conciencia.
Del tamiz de tus principios.

No somos más que utensilios de cocina
que ni pinchan ni cortan.





Nares Montero

miércoles, 5 de agosto de 2009

El balcón



Aquella casa fue una infancia
sin salir al balcón.


Las hortensias aglutinadas
ocupaban el exiguo espacio
y parecían hacer el amor en masa.
Una ingrávida orgía de macetas
pariendo sin pudor

flores de extranjeros colores.


Todos los bichos,
humanos y abejorros,
atónitos, cantaban
albricias y alabanzas
a la dilatada fecundidad de las plantas.


En el balcón de aquella casa
no había evidencias de infancia.


Nares Montero.

domingo, 2 de agosto de 2009

Escombros

Hoy la socia capitalista, después de escuchar una frase en una película, ha sentenciado:


- Esa es la mejor descripción que he oído nunca de ti! -.


Yo, que siempre estoy absorta en mis pensamientos, o lo que otros más coloquialmente expresarían como "estar en la parra", he tenido que pedirla que me repitiera la frase.


Decía algo así: "Vuela como una mariposa y pica como una abeja".


Me ha dado que pensar (más si cabe).



El transporte en esta ciudad a veces puede resultar como los astros. Sí se alinea adecuadamente todo es perfecto, llegas bien a la cita acordada y nadie le da mayor importancia. Pero los astros son muy difíciles de descifrar. Todas la señales se cernían oscuras. Yo reincidía, como siempre, y el transporte público se desbarataba. No exagero nada: una hora esperando el cercanías, un transbordo al metro que resultó estar cortado, cambiar de anden en la siguiente parada, dos paradas más y otro cambio de andén. Intentaba volar grácil como una mariposa y sin embargo vivía un huracán provocado por mi propio aleteo. Salgo a la calle y una corriente de luces y sirenas desbocadas me dejaban literalmente pegada al cristal de un taxi con destino incierto. Alguien me dijo hace poco que el transporte que yo utilizo en Madrid debe ser diferente al que utilizan el resto de las personas que habitan esta ciudad.

Resulta que el alumbrado también se confabula y miente. Sombras chinescas. Uno nunca sabe si lo que se representa es la realidad o un truco barato.

Así llegaba con el alma desnutrida y la boca roja y sedienta.

Toda mi intención es, a veces, quedarme paciente y quieta mientras transcurren los segundos y que nadie note, en demasía, mi presencia, pero, ah! Ilusa!.

Las reuniones sociales son curiosas. Puedes estar en la misma sala con la persona que más detestas o la que más miedo te provoca y nadie lo nota. Puedes, también, estar con quien amas en silencio y ser obvio. Y puedes encontrar a alguien inesperado. Ya le conoces, te mata y te quiere o no. Odia su deseo. Y se pueden dar las tres situaciones a la vez en sólo dos sujetos y una noche.


La mariposa apareció tras su sombra y se topó de lleno con una par de soldados con directrices concretas y preparados para el asalto. Detrás de ellos estaba el experto en bambalinas. Todo resultaba aterrador y excitante. Los corpulentos soldados hacían de parapeto humano, defendían a capa y espada a aquél experto en hilos de títeres como si se le fuera la vida.

¿De qué? Del insecto metamorfoseado. Irónico, verdad?.


Nadie pareció dudar del peligro inminente que suponía la lepidóptera. Nadie preguntó tampoco porqué le temblaban las patitas, ni porqué su vuelo se había tornado triste y desangelado.

Un buen observador o un experto en la materia se habría percatado de que la luz ya no la hacía tornasolada e iridiscente y que su vuelo decaía o se volvía intermitente y errático.

Pero los soldados nunca han sido expertos en la materia y las ordenes debían ser claras: Bajo ninguna circunstancia habrá que bajar la guardia. Pensarían: Nos podemos esperar cualquier cosa. ¿Qué tipo de magia ocultará un ser de estas proporciones? No hay que fiarse de las apariencias, o si, porque ¿quién nos dice que toda la belleza que irradia este insecto no sea fruto de un hechizo, magia negra o budú? Ahí radica su peligro.

La mariposa esquivaba los envistes de los rudos soldados y mientras, trataba de explicarse, hacerse a la idea, preguntarse ¿qué tipo de peligro podría traerle ella al protegido, al experto en bambalinas?. Ella es pequeña, débil, coqueta. No maneja las corrientes del lugar. No está en su hábitat. No llega sin invitación. No trae explosivos atados a la cintura. ¿Qué tipo de contienda la hace enemiga pública? Ojala ser abeja que pica sólo para defenderse.

El miedo es una emoción primaria que es provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, pasado o futuro. Todas la criaturas sienten miedo, es el método de defensa más natural que existe. Es lógico sentir miedo. Al principio es una inquietud extraña, como una bombilla que se enciende y te muestra que algo no va como debiera.

El experto en bambalinas tiene miedo. Se nota. Demasiadas precauciones le rodean. Todo está demasiado pensado. La situación está bajo control, piensa, todo va bien. Pero ve esa bombilla parpadear y le pone nervioso. No dudes, se dice a si mismo, no aflojes.

El experto en bambalinas se tiene miedo a si mismo. Es obvio. Él ha sido capaz de percibir algo que no sabe como describir y desde entonces lucha contra su propio instinto, contra su propio deseo. La guerra se lleva fraguando mucho tiempo en su pecho y teme. El experto en bambalinas no es soldado. No está preparado para el miedo ni para la lucha. El sólo sabe esconderse del mundo, andar detrás de los focos. El experto en bambalinas es cobarde.

Gratuitamente cobarde. Descaradamente cobarde. Insultantemente cobarde.
Peligrosamente cobarde.

Cuando un hombre cobarde actúa, lo hace siempre para su propio beneficio, es egoísta y nunca prevé la consecuencias de sus actos por que su máxima es no hacer caso a las consecuencias. Su maldición es que es incapaz de encarar consecuencias. Vive atolondrado en un mundo de apariencias e ilusiones.
Un hombre cobarde siempre se refugia en no querer hacer daño, o en no querer cambiar las cosas, o en no querer que las cosas cambien. Todo son excusas. Todas las excusas se las repite a si mismo como un salmo, como un mantra, como un dogma.

Mientras, en ese hermetismo, desde esa burbuja destruye todo a su paso con una pasividad de accidente fortuito. Con la parsimonia del envenenador. Y la mariposa solo puede esquivar tanto desastre y volar entre los escombros.

Te quise, pero el valor de quién lo intenta es su mayor tesoro.
Nunca moriré bajo los escombros.

A vivir y a volar!




Nares Montero


Imagen de EL ROTO

viernes, 24 de julio de 2009

Los misterios de la máquina de escribir IV: Cruel Infancia.


Lleva un vestido azul donde se ven dibujadas lindas cabezas de oca con el pico anaranjado que miran a ambos lados. Sus piernas aparecen desde la rodilla como un terreno desolado hasta el calcetín que por la mañana fue blanco. Los rizos rubios se tropiezan con su nariz menuda cuando corre hacia la casa con algo entre las manos.

Llega con la cara rosa y exhalando vida. Se sienta en los escalones de la puerta que da al huerto.

Mira entre sus dedos. El pájaro no deja de piar en un intento vano por zafarse y escapar.

Es suave, piensa. Es suave e indefenso. Se produce un imperioso deseo de abrazarlo con fuerza, de protegerlo, de no soltarlo nunca. O quizá, lanzarlo al aire y que por arte de magia quede un instante suspendido, despliegue sus alas, pare el tiempo. Un instante nítido, líquido, denso. Y vuelva a sus manos refugio, a su calor de manos blancas, a su infantil jaula.

Tanto rato apretado contra el pecho el pájaro no respira, yace muerto.

Atrapado en alambres de hueso.

La niña mira el pequeño cadaver sin entender. Lo mira quietito, aún caliente, plumón perfecto. Perfecto en sus manos vandeja. Voló.

Quizá después, a la noche, en un momento, apenas un segundo después - o eterno - se le olvide el pájaro oculto bajo un puñado de tierra ritual, tierra sacramento, y juegue libre con su cometa, pero ahora, en este instante de calor de manos, antes de la noche de calor de colcha, siente un escalofrío dulce, como de muerte cerca.

Nares Montero

miércoles, 22 de julio de 2009

The saddest moon

Es curioso como la gente te influye, o como deja una impronta más o menos visible en la vida de una.

El destino es caprichoso. Reflexiono muy frecuentemente sobre la necesidad del artista (y otros gremios) de permanecer en la memoria colectiva o en una breve, pero no menos importante, nota al margen en los libros de historia.

También reflexiono (debe ser que tengo mucho tiempo libre o que, simplemente, existo –como decía Descartes-) en la huella que deja cada uno en la memoria de otro individuo, presente o futuro.

Uno sólo. Un solo recuerdo.

Hoy es el cumpleaños de una de esas personas que tengo la certeza de no olvidar. No sé si eso contribuirá a crear el primer piquete en la memoria de la humanidad, quizá una revolución minimalista o nada. Blanco nada. Pero es seguro que yo la recuerdo y la pienso, como un primer paso a no sé donde, quizá el futuro.

Que esto sirva de homenaje, o regalo, o cursilería de amiga:



Bailabas con una cadeneta
de abalorios instantáneos
atados a la muñeca.
Desenfocados cliks de recuerdo.
Unías cuentas, una por una,
con un cordel invisible, como de pescar.
Y es que, Luna, siempre baila tu pelo
a años luz de tus pies de aljófar.

Caminabas
sobre un rumor silencioso,
de abeja reina.
Un auspicio de néctar y miel.

Y en el frío, Luna,
las avenidas se hacían callejones,
y abrazabas con tu pálida distancia
de satélite metálico y poderoso,
a las lunáticas mareas, Luna.
A parturientas y despojos.
A las lunáticas.

Esdrújula.

Siempre te vi en sueños,
sangrando como las sandías.
Así, cortada en dos.
Toda agua.
Ahora, más flaca,
menguante,
-en día de fiesta-
debes sangrar, creo,
como el mercurio brillante,
como el silencio en las sienes,
como las lágrimas alegres de la compañía.

Y sé, desde esta elipse
-o este eclipse-
de espacio,
que vas a bailar, Luna.
Siempre bailar.


Nares Montero




(A este paso hago un poemario con todas las poesías que te dedico jajaja!
Eres la panacea de la inspiración!)


Y de postre una de mis canciones favoritas (versión Astrud Gilberto)
Ilustracion: ilustracionesbreatrizt.blogspot.com

martes, 21 de julio de 2009

Los misterios de la máquina de escribir III: Cerrado al público


La describía con tal deleite que lo mismo se pudiera decir que era testigo silencioso de otra época, Cyrano de Bergerac oculto, mecenas enamorado de la modelo puta, y decía ensimismado mientras se dirigía decidido a la tercera sala, la de la gran ventana:

Quizá nunca vean nada igual.
El segundo personaje a la izquierda, la mujer de azul. ¿No ven cómo se mueve en un discreto vuelo raso que le da una cadencia de sonata nocturna?

Su espalda se yergue tan vertical que pareciera que sólo ella puede con el peso del mundo, como la quilla de un gran buque varado para carenar de firme, como la famosa odalisca con dos vértebras de más pero sin vanidad, ni espejos.
Cuando camina, sus brazos, lánguidos tules, pareciera que acarician el aire, y sus ojos, coplas marineras que no apuntan a ningún sitio, atraviesan certeros el tiempo.
¿No se imaginan que tiene una risa cómo de seda salvaje y violetas, cómo de fresas silvestres y edelweiss?

Y, ¿No les parece que en verano la alumbre un membrillo maduro, un copo de nieve en invierno y en los tiempos intermedios seguro se transforma en criatura sublime y clandestina, como Titania? ¿Un cuchicheo de siesta o un aleteo imaginario?.

Tiene la boca triste como si mientras la pintaban le dolieran todos los sitos donde no la han besado...

Efectivamente nunca vimos nada igual. Hoy dudo si fue cierto.

El museo cerró sus puertas tras nosotros. Fue una despedida hueca. No hubo alardes ni discursos en su clausura, apenas dos o tres manifestantes que, como los locos que predicen el fin del mundo y gritan en las calles de Nueva York, lloraban la pérdida de su museo más discreto y humilde.
Las telas tuvieron tan incierto destino como sus empleados. Aunque, a veces, cuando paso por el edificio medio desmantelado, tengo la extraña sensación de ver a aquel guía mirando la ciudad arrolladora desde la gran ventana de la tercera sala.


Nares Montero

lunes, 13 de julio de 2009

Repiterapia


No escribiré más poesía adversa.
Se repiten las consonancias y la mies.
El campo no deja de ser el mismo campo
y la catastrofe la misma, otra vez que piensa.
No escribiré versos altaneros,
ni serán graves las palabras que te pronuncien.
El mar avienta de las manos los hollejos tristes
que dejaron tus ojos frutas, tu piel en flor.
No vendrás de nuevo como nunca viniste,
antes o ahora, es lo único que se repite.

Nares Montero

lunes, 6 de julio de 2009

Vanidad


Rescato un texto de los confines del mail



Quizá halla cosas que quiera contarte a ti y al mundo.

Como un grito silencioso pero certero.

Hoy no me arrullan los árboles y no hay novedades que desarmen nuestros planes.

Lo cotidiano acecha tras los marcos de las puertas y se le escucha dominante en los sonidos de los aparatos eléctricos.

Quiero imaginar que me oyes allá en tus circunstancias y que la voz de mis palabras se cuela entre los papeles y los bartulos de tu habitación.

En un día como hoy, sin importancia, nos habremos de fijar el uno en el otro.

Los recuerdos nos llevarán más tarde a entender que estaba escrito nuestro encuentro y que no existen las casualidades.

Quiero saber que aguardas escuchar mis palabras huecas como la caja de una guitarra.

Sabes hoy, en tu ensimismamiento, que sólo tu sabrás dar con las notas correctas.

La noche te agarra de improviso y en algún bar, lejos de aquí, buscarás la frescura de otras bocas. Pero no sacian tu apetito.Vistes de normalidad y desde los pies tu entorno.

Pero he dicho que quizá yo tenga cosas que contarte a ti y al mundo.

Te veo todos los días andando por las aceras, no necesariamente con los mismos rasgos, y aunque me buscas no me conoces y a la vez si.

Sé que jugamos a retrasar un momento ineludible.

Sé que ansiamos escuchar, yo tu nombre y tu él mío, lo preguntarás dos veces antes de que se arraigue en ti la locura perpetua y maravillosa.

No te rías, sabes ya que soy vanidosa.

Vine a contarte algo a ti y al mundo.


Nares Montero

martes, 16 de junio de 2009

Turismo


Existen lugares propensos al erotismo.
Jugamos? Gritan sus colores, arquitecturas y formas.

Sin embargo me gustan esos que redefines
con reveldía adolescente y sin argumentos concretos
que conviertes en parques de atracciones
en los que meterme mano (descaradamente).


Nares Montero

sábado, 30 de mayo de 2009

Motivos para perder la inocencia V


El valor de las cosas.
Una moneda
nunca más será
un tesoro en golosinas.


Nares Montero

Motivos para perder la inocencia IV


Los vestidos más bonitos
-esos de princesas y putas-
siempre los llevan otras.

Y peor,
les quedan mejor que a ti.

Nares Montero

Motivos para perder la inocencia III


La intratable mirada
de quien observa a un adulto
ojear cuentos infantiles
y frunce el ceño.
Diabólica arruga proclive al botox.

Nares Montero

Motivos para perder la inocencia II


Habilidad de engaño.
Toda magia
está compuesta
de trucos
imperceptibles (o no)
al ojo humano.


Nares Montero

viernes, 29 de mayo de 2009

Motivos para perder la inocencia I


Por arte de bisagra,
las puertas que se cierran solas
tienen una clara propensión
a no abrirse, nunca, por sí mismas.

Las demás tampoco.


Nares Montero