miércoles, 21 de enero de 2009

De ilusión también se vive

"La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver a sus ojos la dulzura de luz?"

"Sonatina" Rubén Darío

Cuando no entiendo, me duelo.

Y me hago duelo también.

Yo no la entiendo y me duele.

Pero también me da una vida más poderosa que yo.

Que habita en mi es algo que no puedo negar, pues ella me ocupa por completo. No puedo insultarla aunque a veces desee hacerlo a gritos, porque ella me mueve tibia y me sacude poderosa. No quiero, a veces, pronunciarla porque se materializa en mis manos, en mis ojos y en mi boca. Ella viene sin llaves y me abre de par en par. Se desliza sigilosa por las rendijas de los muros que contruyo y una vez dentro, de un soplo, los echa abajo. ¿De que sirven los muros? pregunta con esa cara, que imagino, inocente y curiosa.

Yo imagino un mundo en el que las palabras sean escuchadas y no haya más que verdad en ellas. Por que esas son las que me hacen llorar y reir al unísono. Y esas, esas palabras, son las que la traen envuelta en tules, majestuosa, real a la vida. Sí no le canto es porque no se hicieron mis manos sino para escribir versos (torpes) que ella me dicta de noche y yo quizá atino a encontrar las letras que los compongan.
Y parir con manos abiertas no es fácil. Recibir con manos abiertas si, aunque se turbie el sosiego por tremenda falta. Recibir con manos abiertas y brazos estendidos y a pecho descubierto y toda la inocencia. ¿Es febril recibir así? ¿Sin que haya diferencia entre recibir y dar?

Mete tu mano en mi costado y coge, libre, lo que te interese. No es mío. Dejó de serlo cuando tus ojos se posaron y observaron el nudismo de mi alma.

Escucho ecos: Ella te hiere. Es cierto que ella me hiere, pero también es cierto que me da vida. Escucho: Ella te engaña. Es cierto que me engaña pero no más que cualquier mortal y en su caso la inmortadilad la guarda.
Escucho: Ella te humilla. Pero ¿Quién se atreve a juzgar? ¿Quién habla? ¿Quién, sí no es a traves de ella? Calla. Calla!

Calla porque tus labios no están llenos ni son claros. Calla porque no se humilla quien cree en sus palabras si no quién las desprecia.

Yo no sigo al miedo, ni al pánico, al terror y a las cadenas. Yo no sigo a la inseguridad y sus quimeras. No sigo a la mentira y sus fauces. No sigo al temor. Y lo digo en alto. Muy alto. Porque a veces todo se tiñe de un color parduzco y solo se oyen sonidos huecos.

Cuando todo está oscuro, y la oscuridad es un pozo, cuando todo se cierne impuro. Ella llega con la esperanza movilizándolo todo. Y es necesaria su luz para que el seguir adelante no se vuelva errado.

Y no significa que su presencia nos mantenga alejados del error, si no que con ella errar es aprender a ver la vida, y su quintaesencia, más próxima, más cercana.
De ilusión también se vive, y uno se duele por no entenderla.
Pero no hay vida sin ella.
Nares Montero

3 comentarios:

txilibrin dijo...

¿?

Trovador errante dijo...

Si Nares, te entendí bien.

Yo sigo transitando por ella, pegadito a la realidad pero sin perder ambas.

Bueno volver a leerte. Tu escribes bien con o sin musos.

Un beso ilusionado

kika... dijo...

De ilusión también se vive, y uno se duele por no entenderla.

La necesidad de ilusionarnos junto a la necesidad de comprender. La necesidad de parir y la obligación de no volver a usar ese símil. Ya he tenido bastantes niños, ya he tocado demasiadas campanas que sonaban a mentira y a hueco.

Justo en ese momento, digo que me alimento de ilusión/creo

(y me recuerda a un poemilla antiguo
http://kikamagia.blogspot.com/2008/04/501.html

ya sé que está mal autocitarse, pero me perdonas, ¿no?)

claro que me ha ayudado (el texto), que me has ayudado (tú), que podemos seguir pariendo en mitad de la calle, aunque ya te digo que el símil me está empezando a jorobar...

miles de besos, te quiero, lo sabes...
K