miércoles, 10 de noviembre de 2010

Canciones allende lo humano (Jorge Riechmann)

"(...) En la estación de autobuses de Barcelona Norte, una tienda de camisetas y accesorios se llama tienda de personalización. La estación de metro de Plaza de España está sometida a la gran pantalla de vídeo que emite propaganda sin interrupción y martillea el lema Philips inventa para ti. La mayor cadena de grandes almacenes del país se publicita con la consigna especialistas en ti. En el avasallador capitalismo de fin de milenio que nos ha tocado padecer, la identidad personal es una mercancía que se comercializa como las demás mercancías. Y no hay Tribunal de Defensa de la Competencia que se atreva a chistar a los monopolistas del sector, que están dispuestos a todo - pero a todo - antes que permitir prácticas autogestionarias en asunto tan delicado.
 El derecho a la diferencia no se predica de las personas sino que se reivindica para las mercancías. Si algo nos singulariza no serán nuestras creencias, nuestros malestares, nuestras dudas ni nuestros amores: será nuestro poder adquisitivo y nuestra capacidad de consumo diferencial. Big Brother is watching you.
 Si el mercado capitalista mundial se acepta como destino irreversible y como último e inapelable criterio de racionalidad y de sentido, entonces estamos perdidos, en un sentido de perdidos mucho más horroroso de lo que hoy somos capaces de concebir. Nuestro actual apocalipsis inmanente proseguirá una expansión constante, las catástrofes regionales se enlazarán con las globales en una sinergia devastadora. Puedo imaginar lo suficiente del mundo resultante de esa evolución como para no desear bajo ningún concepto vivir en él.
 Nuestra sociedad hace cuanto puede por borrar los conflictos, escamotearlos, sumergirlos: intenta encerrarse en la ilusión de fin de los antagonismos (la innoble cantinela del final de la historia). Sólo para sucumbir tanto más fácilmente ante la implosión de una violencia difusa, irreversible, ubicua, aterradora. El atentado con gas letal en el metro de Tokio, en marzo de 1995, es seguramente un signo de los tiempos.
 Si alguno, deseoso de saber qué es eso de la sociedad de los servicios, se dirige a la sección de anuncios por palabras de un diario de alguna gran ciudad como Madrid o Barcelona, se encontrará para su sorpresa - o acaso sin sorpresa - con lo siguiente: la rúbrica servicios incluye de hecho la mayoría de los anuncios que se ubican en estas páginas (y algunos de los aparecidos bajo otros encabezamientos, por ejemplo viajes, también son anuncios de servicios). Y cuando uno indaga qué tipos de servicios se anuncian, advierte que en la mayoría de los casos se trata de prostitución: "hermanas insaciables 9.000", "15.000 jovencita estudiante", "Auténtica modelo para quien exige lo mejor 60.000", etc. Por cada anuncio en la sección LIBROS o JOYERÍA hay veinte de prostitución y diez de "líneas eróticas" por teléfono. A sesenta pesetas por palabra. Si, pasando páginas, el curioso lector llega a la sección de ofertas educativas y cursos de formación, quedará abrumado por la cantidad de cursos de cosmética y maquillaje (en sus diversas especialidades) que se ofrecen. Si uno saca la conclusión de que la célebre sociedad de los servicios consiste esencialmente en la prostitución y perfumería, en cuidado del cuerpo (quien puede) y compraventa del cuerpo (con libertad de mercado), le llamarán terrorista. Y sin embargo...
 Frente a la oficina central de Correos, el buhonero vendía animalitos de peluche (se aproximan las Navidades)... fabricados con piel de auténtico animal. La realidad metaforiza insuperablemente nuestra actual condición.
 "Hemos tocado fondo". El viejo sabio Eduardo Haro Tecglen sugiere que hay que completar la frase hecha añadiendo: "pero seguimos excavando".
 Postmodernidad: los personajes de Samuel Beckett, hastiados de su calamitosa y estragada condición, se procuran las prótesis corporales necesarias, se ponen en manos de un buen peluquero y compran ropa de Adolfo Domínguez. Requetelindo.
 Hacer visible lo invisible es una de las tareas que tradicionalmente se asignaron a la poesía. En la era de las formas de dominación más sutiles y sumergidas, que algunos llaman postmodernas, se convierte en una tarea directamente política.
 La invitación a disfrutar con los aspectos positivos de la modernidad / postmodernidad, a aceptar como un destino inevitable la devastación de la biosfera, y la transición al hombre-máquina, a asumir alegremente la irrestricta autonomía del desarrollo tecnocientífico y la invencible potencia del mundializado capitalismo de la telemática y la automatización, tal invitación es semejante al consejo que a veces se da a las mujeres: si vas a ser violada no opongas resistencia, relájate y disfruta.
 El consejo no es necesariamente cínico: ser violada es en efecto preferible a morir con el cráneo machacado a pedradas o con un navajazo en el vientre, y la lógica del "mal menor" siempre encuentra abogados elocuentes.
 Y sin embargo el "relájate y disfruta", tanto si aplicado a la violación como a la civilización consumista/productivista, no deja de ocasionar un profundo malestar y parecer inaceptable. No queremos un "mal menor" de esa naturaleza, sino precisamente un mundo del que estén excluidas opciones tan horrorosas. (...)"

JORGE RIECHMANN
Canciones allende lo humano
Ed. Hiperión