sábado, 2 de mayo de 2009

La sangre impresiona

Hace días que no salgo de casa, estoy es un estado semi-catatónico y pijamil.
Para no ocupar todo el tiempo libre que tengo en repasar y dar vueltas a mis problemas, como si fueran la rueda de un hámster y yo el roedor en cuestión, el otro día desempolvé los juegos que tenía guardados para PC, ya que el poemario nuevo ha decidido estancarse y no anda porque quizá le he puesto ruedas cuadradas (...en fin).
El caso es que resucité los juegos del ordenador y me decidí por uno que, por su temática, pensé sería el mejor para aislarme del mundo.
En el juego soy una elfa (toda buenorra) que se va cargando a orcos, esqueletos, gigantes, minotauros, hombres de las nieves, feroces bestias salvajes entre otras criaturas maléficas, feas, tontas (esto lo digo yo, por que hay que ser muy tonto para ser un orco pudiendo ser una elfa buenorra) e innombrables.
Se me pasa el tiempo volando, a veces me da la sensación de haber andado lo mismo que mi personaje con la diferencia de que a mi en vez de dolerme los pies, se me duerme la mano derecha de tenerla en el ratón y se resienten las lumbares.
No sé si estoy mayor o muy viciada.
Me han ocurrido varias cosas curiosas jugando, la primera de ellas es que cuando me acerco a una zona con tumbas siempre se me ponen los pelos de punta. En la vida real no me pasa, lo juro, de hecho los cementerios me encantan para hacer fotografías y estar tranquila, pero en el juego lo llevo fatal. Me da yuyu, que le voy a hacer?
Otra de las cosas ha hecho que "La madre de la artista" y yo nos hayamos reído de lo lindo esta tarde, y es que cuando he completado una de las campañas del juego se ha abierto un portal mágico que me tele transporta, es decir tele transporta a mi personaje, a otro lugar clave en el mapa de ese mundo fantástico, ni corta ni perezosa me he dispuesto a cruzar el portal orgullosa de la cantidad de bichos y alimañas que me acababa de cargar yo solita, así que subida a lomos de un lindo corcel negro he cruzado al otro lado. Poneos en situación, me encuentro con un montón de asesinos que se lanzan sobre mi. pero un montón, muchos, o mejor dicho muchiiismos. Ese no ha sido el mayor problema, ya he dicho que yo he cruzado el portal con la moral muy alta, si no que apenas a 10 cm (entendamos que es medida pantalla de PC) había un enorme, gigantesco, descomunal, increíble y muy muy muy espeluznante dragón.
He pegado un chillidito agudo (muy vergonzoso) y he dicho ¡Pies pa' qué os quierooOoOoO! (con desafine incluido) y he vuelto al portal tele transportador más veloz que Fernando Alonso, Fonsi Nieto y Michael Johnson juntos. En esas me he debido llevar conmigo a unos cuantos rufianes de los que le acompañaban porque mientras se cargaba la pantalla y yo resoplaba de felicidad, pensando que donde volvía ya los había aniquilado a todos, el juego ha debido decir: No, no, no! (con soniquete porculero) y me he encontrado a todos y cada uno (incluso alguno más diría yo) esperándome armados hasta lo dientes. Casi no la cuento. Pero a esos ya me los había cargado antes y esta vez he hecho lo propio. Huir no era una opción (sobre todo teniendo en cuenta que la única huida posible era a las abrasantes fauces del dragón de los piiii).
Una vez todo en orden y en un intento por salvar la partida donde estaba, dados mis grandes avances (o lo que para mi eran grandes avances), he entrado en la pantalla de opciones del juego. Opciones de sonido, de visión, de gráfico, de efectos, etc. Curiosamente me he percatado de que los que habían diseñado el juego (supongo) entienden la vulnerabilidad de sus posibles usuarios y habían puesto como desactivada la opción de sangre. En un alarde de rudeza la he activado sin pensarlo demasiado. Al principio me ha hecho gracia, ni siquiera es un juego demasiado realista (teniendo en cuenta la temática) pero al cabo de un rato me quedaba mirando cuanto tiempo tardaba en esfumarse la mancha roja de cada uno de mis oponentes. Me he fijado también que antes del gran charco, en cada espadazo o flechazo, el cuerpo de cada criatura salpicaba graciosamente el suelo, con una marquitas que eran las primeras señales de su inminente muerte por causa de mis mandobles y puntería.
De repente me he dado cuenta que estaba llorando mientras asestaba, con mi espada superpotente y colosal, a un pobre pero enorme orco. He puesto el juego en pause y he llorado desconsoladamente a esa mancha roja que no acababa de desaparecer.
Debo darle la razón a la persona con más profesiones del mundo (y todas ciertas), en realidad no sufro de falta de sensibilidad. Soy impresionable y vulnerable aunque a veces algo se desconecte en mi para no producir un cataclismo.
Y es que, a veces, la sangre impresiona.
Nares Montero

3 comentarios:

Troba dijo...

prefiero ser un nazarí, tratando de defender Granada en Total War II

besos!

Edu dijo...

El ser humano, invento los juegos de fantasias para sustituir a los sueños, el problema que ellos jamas podran imitar a los ultimos, porque carecen de corazon.
Un Saludo.

Nares Montero dijo...

Troba: todo es cuestión de gustos pero no suena mal eso de ser Nazarí jeje!

Edu: En mi caso no es un sustituto, sólo una pequeña evasión de la realidad... pero duro poco, muy poco. Apenas dos días y ya me aburrí del juego. Ahora solo sueño de nuevo.

Abrazos a ambos.
A vivir y a volar!
N.