martes, 28 de abril de 2009

Camacariño


En Camacariño la noche es dada a caer sobre la luna desnuda,
dispone el velo o el can-can de fiesta en su cintura
y alza las piernas o hace que gire como un derviche o una peonza macabra.
En Camacariño se desarropan corazones gigantes
que laten al ritmo de tambores con piel de cordero, huecos y espeluznantes,
entonces tiemblan las lámparas y los apliques tintinean un mareo.
También se planean huidas, se besan espaldas, se dictan mentiras
y se resguardan del alba agujeros en pechos de hombres hambrientos.
Se escribe en salto de cama, o asalto de cama,
a salto de mata, salto de ángel o catarata.
En Camacariño no hay entradas, ni puertas, de los quicios nacen ramas
que arañan y marcan el camino de la vida. Beban absenta,
reza un cartel luminoso que antaño no lucía y ahora desluce en lo alto. Beban decía.
No encontrarán la salida de este hostal ni de las paredes colgada la alegría.
Camacariño se transforma según su huésped de turno, y a veces llora si no tiene inquilino.
Hoy es un teatro y el contrafoso un laberinto donde se pierden actrices sin carrera ni oficio. Mañana una farmacia por la que vuelan recetas y ponzoñas
o un night club deshabitado de antorchas.
También, de cuando en cuando, un antro plagado de insurrectos
o una tarde de abril y sol musical.
Camacariño es un disfraz o un uniforme almidonado,
una puta que desayuna en Tiffany's a diario, una caricia de estraperlo,
una llamada intempestiva, un circo de los horrores,
una vedette desmaquillada, la bala de alguna pistola perdida.
La muerte que aguarda paciente recita versos a la noche
y nunca mira donde no la reconocen, los escaparates.
A veces en Camacariño hay reyertas, emboscadas, redadas y trenes,
todo se vuelve una coraza donde se esconden los vulnerables.
La criaturas diluyen sus ojos de sal y arena, en Camacariño, las noches de pelea,
y solo quedan vestigios, de lo que pudo ser un local con encanto, pero nunca tuvo tregua.


Nares Montero

Imagen: Henri de Toulouse-Lautrec - The Kiss - 1892

3 comentarios:

Troba dijo...

sin mordazamor....

saludos!!!

trovador errante dijo...

Niña roja, recién levantado me vuelvo a meter un tu cama, cariño.

Me vuelvo a reconocer es tus formas y palabras.

Estoy a gusto, y ya sabemos que remolonear en camacariño no es perder el tiempo, es lo que hay, lo que somos y podemos ser. Y nos dejan ser.

Camaleón.

Besos buenos y buenos días de cariño, poetisa

Edu dijo...

Ese Camacariño, tiene un parecido con el mundo.
Un Saludo.