lunes, 15 de noviembre de 2010

nocturna en mi menor

De pronto el concierto se enreda en las gafas rojas. Mi cuerpo comienza a parecerse a un termitero helado y poco a poco acabará por fundirse con las dudas propias de quien no tiene dónde pasar la noche. Es otoño, todo insoportablemente tópico. El viento no llega a los baños de los bares y se llenan de demasiado polvo. Tú siempre te vas antes para luego dejarte ir.
Cómo se detuvo el ruido? Sé que en algún instante cesó impertinente y me dejó con las vocales colgando como baba. Se apagó en seco y las intenciones pequeñas anularon cualquier posibilidad de regreso a un inicio imaginario y blando como cojines.
Ahora dudo que cualquier talento inyectado nos devuelva al lugar oportuno en que las cosas nos esquiven como a niños, por más que te llegue la melodía del hombre solo o que en la calle no quepa nada más que una caricia.

Nares Montero

3 comentarios:

Lara dijo...

Besos!

Elena Lechuga dijo...

Lo que no quepa en la calle lo guardamos en la buhardilla

☆Vale dijo...

la melodia de hombre solo tiene dos notas...