domingo, 10 de mayo de 2009

Envases

Dicen que exagero los recuerdos. Los magnifico y los convierto en una explosión descontrolada de fuegos, artificios y metralla.

A mi la metralla de los recuerdos me hace daño, claro, pero guardo esos pedazos de hierro como reliquias, como pequeños tesoros unipersonales. Así tengo cajas llenas de cosas inservibles. A veces pierdo en mi despiste cosas importantes, o lo que para otros pudieran ser cosas importantes, pendientes (solo uno de cada par), prendas de organdí y seda, abrigos, carteras, billetes, aviones...

Pierdo casi todo menos mis recuerdos y esos fetiches sin uso que guardo en cajas. Las últimas adquisiciones bien podrían servir como recipientes para lágrimas, pero como ya he dicho antes no los guardo con una utilidad específica. Recuerdo que una vez llegué a guardar por mucho tiempo un vaso de un restaurante de comida rápida porque en él bebió la persona de la que creí estar enamorada. Es increíble que a día de hoy siga haciendo esas excentricidades de adolescente.

Inventario:
Me llevé, una botella vacía
para acariciarla como una lámpara
con un genio suicida dentro,
un frasco de caramelos
que podrían ser pastillas para no dormir
la noche que nos comíamos a besos,
una foto donde te robé la sonrisa
mientras tú me quitabas el sueño.
Hoy quisiera contar las horas
que han de darme un nuevo recuerdo
o un utensilio obsoleto de esperanzas
pero lleno de momentos.



Nares Montero
(Porque hay canciones que están escritas para ti y para ese momento concreto, o casi)

1 comentario:

Oihana dijo...

Es bonito eso de ir coleccionando recuerdos materiales ligados a momentos emocionales importantes de nuestra vida... yo también lo solía hacer... de hecho tengo en casa de mi madre una caja llena de ellos. Cada vez que voy, la saco y empiezo a trastear en ella... y siempre me digo: "algún día tengo que tirar todo esto, no hace más que ocupar espacio". Tal vez vaya siendo hora de darme cuenta de que mi mejor recuerdo, para el futuro, sea vivir el presente de la mejor forma posible y liberarme de los apegos materiales.

Nos vemos en septiembre, si te apetece.

Muchos besos.

Te lee, siempre,
Oihana