Ahora que me paso los días midiendo el céntimo, como antes lo hicieran mis abuelos en otras dimensiones. Que despotrico y maldigo quinientas sesentaiséis veces por minuto y aún me faltan cien veces más para ser política y religiosamente incorrecta. Que en las entrevistas personales me río del interlocutor trajeado a mandibula batiente cuando me pregunta por mis inquietudes personales y le contesto flor o levantarme tarde. Que se me barre con escoba en mano por el exceso de doce años de experiencia demostrable, y no en técnicas, ni moldes, ni en medidas, raseros y horarios, ni en disciplina militar o prosaica. Que me estampo los ojos varias horas al día en la luz reflectante y sin protección de páginas web a la espera, porque es a lo que me han enseñado, a esperar, un corcel rampante en cuyo lomo venga cosido, incrustado y severo un tipo con un papelito salvador llámado nomina o salario.
Ahora que es imposible pisar un parque y mucho menos pensar en sentarse al sol en un banco por estar plagados de insurrectos o parados, de chusma o diplomados, nacionales o inmigrantes, viejos o jóvenes de generación perdida, cómo si la generación se pudiera perder como la llaves o las quinielas.
Ahora que mendigo cañas y poesía en bares, discotecas, afterhours, locales de ensayo, templos y teatros.
Ahora que a la noche le crecen más horas de vigilia y al día sólo ampollas en los pies.
Ahora que se acuerdan más de mí los bancos, los de sentarse no, eso ya lo he explicado, los otros, los de ventanilla o departamento de recobros y me llaman por teléfono más que mi madre.
Ahora que he inventado setecientos tipos de currículos, cartas de presentación, recomendaciones, enchufes sin corriente alterna, y el fotomatón ya me llama por mi nombre.
Ahora que aprender y un plus en formación supone tener que vender mis órganos sanos en el mercado negro para poder pagarlo.
Ahora que me resigno a parecerme o perecerme en la invisibilidad de los pocos que aún tienen trabajo. Que guardo la compostura y procuro no pronunciar palabras prohibidas, como cultura, arte o revolución, piquete, trinchera o esclavo.
Ahora que me encuentro en la situación que soñaba, libre, despejada, errante y sin anclajes.
Ahora que me veo más obligada que nunca, más atada, más consumida, más sin nada y toda la mierda.
Ahora,
sigue
sin
convencerme
éste
puto
capitalismo.
Nares Montero
Foto: Cantabria 2005. Nares Montero