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lunes, 21 de marzo de 2011

es ver la burla

Caminas por un mundo sin laureles.
Las farolas son farolas reales
tan verdad que su luz las ilumina.
La despensa está repleta de latas
que se alimentan a sí mismas, solo
en esa fresca soledad hambrienta.
El teléfono se escucha las ondas
entre las voces mecánicas tuyas,
mías, nuestras, que se pronuncian solas
y se entiende, de todos los acentos,
su rumor y mueca desencajada.
Viene el perro a saber que en su ladrido
hay más de simple, natural, insignia
que en miles de las palabras del hombre.
Y tú miras en el espejo pero es
el espejo quien se mira en ti, mudo
y soberbio de saber conocerse
mucho mejor que todas tus preguntas,
tu razón, tu lógica sin sentido.

N
Foto: Egipto2009. Nares Montero

domingo, 20 de marzo de 2011

dolce far niente

“(...) la hermosura
niega la voz que intenta proclamarla.”
Anibal Núñez
Llega el mes de este vértigo
orillado. El sol brioso
apresura comiendo
los quicios de terrazas,
las calles rectas, solas
de almíbar,
como tú yergues, edulcorado,
mi nombre entre las patas
de metal y muerdes, exagerando,
toda azotea de silencio,
toda ruina en pie que es mi cuerpo dulce.

Yo entonces pienso: sal
rápido, los pájaros beben
de las fuentes, cada cosa nos mira
desde donde debe. Lo sé, es leve
el rumor –y se confunde por tanto
orden- que está acechando.
Veo las antenas como pinares
de abril y te digo que veo
en la lumínica ceguera
de esta primavera de satélites rugosos
el cieno que nos cubre, mientras sigues
sonriendo.
N
Foto: Egipto2009. Nares Montero

lunes, 14 de febrero de 2011

¿Viste Madrid una mañana?


¿Sabes? Todo sucede de repente. Entonces, tras, acaso, un segundo después y la puerta se cierra de golpe o explota el chicle -boom chillón- de la adolescente que escucha rap o house en el asiento de al lado. Vas en un autobús, era predecible, todo lo es en el fondo, piensas. Luego una pestaña se escurre hacia su carita de niña tonta, de mundo por delante, y ya quieres mirar así a todas las mujeres y que te asusten sus pompas, aunque fúnebres. Bajas despacio recordando el color castaño, que es como todos pero brillante y nuevo como la colonia nenuco y recuerdas, también así, de improviso, que nunca elegiste tu propia colonia, que tardaste siglos en comprarte ropa que te gustara y ahora te miras los pies descalzos de charcos. 
¿Ves? Así se logra la sorpresa. Un momento de sol después y ya ha vuelto el invierno sin paseos y toda la prisa se agolpa en los pasos de cebra. Puedes intentar mirar a los ojos de La Cibeles y que te rujan sus leones con sus dientes como piedras y su pelo como agua y la fuente que se estrecha en la lejanía y ya no te acuerdas de los ojos de la diosa, de la plaza, ni de la muchacha porque subes la calle Alcalá rumbo a la Gran Vía sin saber a donde vas, como lo hacen todos, alternando la vista entre el suelo y los edificios altos que quisieran ser Manhattan pero no y ¡qué bonitos! Se lo dicen a sí mismos y saben también que tú lo piensas, como lo sabe la mujer de las piernas largas que acabas de cruzarte y a la que has mirado de reojo. También ella lo ha notado, su sonrisa por dentro, su cadencia silenciosa de manoletinas puestas y gafas de sol. 
Siempre parece corta la Gran Vía, más por las mañanas que sólo pisan los turistas perdidos y locos de cartera floja. En el suspiro de Montera te enciendes un cigarro y caes en la cuenta que saliste con la intención de ir al Parque del Retiro y ahí estás en todo ese amasijo de edificios y putas, de presuntas callejuelas que no conoces tras los costados de la inmensa calle. Siempre has querido recorrerlas y siempre ha sido un momento fortuito repetido como una secuencia programada de antemano, que hace que las sepas aún sin conocerlas, como a todas las mujeres que has tocado sin que te exploten sus caricias por dentro, con la prevención y la dicha ladeada de quien ahugura un buen final y no. No hay quien se atreva con las grandes ciudades.

Nares Montero
Foto: Nares, realizada por Lady K

lunes, 24 de enero de 2011




El primer verso se obvia.
No encuentro la manzana en la que vives,
el sueño se desata con el beso
soñado, por supuesto, algo más real
quizá tu nombre en alguna página
amarilla o tu coche en batería
siempre en carga y descarga.
No encontré al verso primero besado
ni al gato de los desayunos locos.
Te cuento y no me exprimo las naranjas,
será por eso.




N
Foto: Juguetes2011. Nares Montero

viernes, 14 de enero de 2011

ejercicios poéticos

Dejadles todos los conocimientos
en la orilla verde donde les nacen
las manos. Allí donde labran cuentos,
y sestean galgos. Ved que se pacen
lejos los odios, se ahuyenta el disparo
certero. Que no queda desamparo.

_______________________________

Palabras, todas van desapareciendo
excepto tu nombre. También a mí las letras
se me evaporan dejando manantiales
secos de haches.
¿Y qué soy yo sin mi mutismo alfabético?
¿Y qué será de los lugares sin grafemas?
Me estoy borrando,
quizá también se borre el mundo

 N

martes, 28 de diciembre de 2010

donde se nos quedó la nieve


¿Vendremos de servir, acaso, para
algo más cierto que nosotros mismos?
Todos los peldaños a nuestras copas
desnudas, que todavía no arden.
Cuánta misericordia en el silencio
y en las manos aún blancas del nonato.

Nares Montero
Foto: Riaza2010. Nares Montero

martes, 21 de diciembre de 2010

circo de pulgas


He comenzado a sangrar por la nariz. Pongo todas las piedrecitas que me regalas junto a los díscolos vídrios redondos ganados al güa haciendo una fila. Tardo lo mío, no te creas. Saco la cámara de fotos. Ajusto el diafragma, el obturador, el iso, con la parsimonia de un dependiente de farmacia enfermo. Entonces el timbre de la puerta. Un repartidor de certificados mira sobre mi hombro semidesnudo el bodegón de cristales muertos e instalados bajo mis piés. Dice: Se te va callendo la sangre a canicas. Cuando cierro la puerta caigo desplomada. Quizá pisé un escarabajo pelotero, pero no recuerdo. En las manos sólo tengo tabaco y lumbre.

N
Foto: Hoy2010. Nares Montero

lunes, 20 de diciembre de 2010

De aquel origen


Rectificando una frase sencilla, como un mantra, y acurrucado al cielo de una boca que se parece excesivamente a la tuya. Así viniste la primera mañana aunque callado y lento como la somnolencia. Ella siempre ha mirado, a través de todo, como si la transparencia comenzara y acabara en ella; sonríe y llena la casa de pájaros que bailan. Así os noto yo en los instantes robados al invierno, menudos y frágiles en la distancia. Sospecho que no habrá nada que yo sepa, antes de vuestra propia vida, que pueda haceros libres o al menos no tanto. Que llegarán todas las preguntas de golpe y abusaréis del juicio,  fingiréis migrañas, arañaréis las voces y desenterraréis metralla. Entonces con todas las utopías más utópicas que nunca, vocearéis mi nombre y no sabré qué responderos.
Sin embargo, es posible que no existan nunca los presagios agoreros, y tú con ese pico de mochuelo y ella con esos ojos colectivos vengáis a enseñarme la palabra que subrayé en el diccionario y me expliquéis, por fin, todos los significados de aquel origen.

N
Foto: Riaza 2010. Nares Montero

jueves, 25 de noviembre de 2010

Cotidiana

Átale, demoníaco Caín, o me delata.
(Julio Cortazar)
Tengo una sensibilidad completa para los cambios. Mis favoritos son los imperceptibles. Toda la calle continúa en ese ahogo-respiración-ahogo y yo me detengo en el papel que cae de un bolsillo e inevitablemente tocará el suelo. La fuerza de la gravedad tambien está en tu voz. Has dejado de escucharme. Y ligeramente tu tono cambia y cae en la desconfianza. Con tanta gravedad como la de quien mira atrás y no es derrotado por su visión.
Desde mi habitación me distraigo escuchando las puertas abiertas de vecinos a los que no miro a la cara pero sé que viven con el último segundo desprendido de la boca como cuando yo intento beber el tetrabrick de zumo de un solo sorbo para que todo en mí sea de color fábrica.
Quiero volver a la cama y notar los insignificantes pliegues que se ataran a mis piernas y después solo el silencio de entrar auto-obligada en el sueño. Es extrañamente fácil estar ahí, en el sumidero propio. Colocarte todas las colchas encima y sentirte guisante. Y después desaparecer como una invisible más. Cuando lo diminuto te inunda, te reclama, te rodea y son gritos minúsculos como agujas que danzan a tu alrededor cualquier paso o movimiento liberador es falso. Sentir que ni tu misma llegas a soplar tus arañazos no signfica nada. Olvidar que tienes un jeroglifico mutilado por descifrar y seguir adelante como una invasión o la marabunta devastadora a la que perteneces. Descender a la conciencia yunque o quedarnos aquí, en el palíndromo perfecto, aunque ya no me creas.

Nares Montero
Foto: Sevilla 2009. Nares Montero

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Entre puntos suspendidos

"Estoy tan perdido,
soy el asesino
de tantas primaveras."
Ismael Serrano

Estaba en el momento concreto en que todo es líquido. De repente una brizna melódica me despierta y no puedo escribir más que insomne: Todo es mentira. Toso aullidos, nadie contesta. Y es que puede ser que esta guerra no vaya a ninguna parte. Las preguntas me trepan hasta dejarme sin aliento. Quisiera ser la mujer que estás deseando amar como una selva sonora, un húmedo cuenco de porcelana descascarillado y toda boca a una grieta imantada. Suelto las palabras como un tiránico huracán en busca de un dolor tan profundo como destino. Evitando los mercados como posibilidad de vida, lugares donde la alegría reverbera como agua fría. Pero miro alrededor y todo es tierra.

Nares Montero
Foto: Nares Montero 2010

lunes, 15 de noviembre de 2010

nocturna en mi menor

De pronto el concierto se enreda en las gafas rojas. Mi cuerpo comienza a parecerse a un termitero helado y poco a poco acabará por fundirse con las dudas propias de quien no tiene dónde pasar la noche. Es otoño, todo insoportablemente tópico. El viento no llega a los baños de los bares y se llenan de demasiado polvo. Tú siempre te vas antes para luego dejarte ir.
Cómo se detuvo el ruido? Sé que en algún instante cesó impertinente y me dejó con las vocales colgando como baba. Se apagó en seco y las intenciones pequeñas anularon cualquier posibilidad de regreso a un inicio imaginario y blando como cojines.
Ahora dudo que cualquier talento inyectado nos devuelva al lugar oportuno en que las cosas nos esquiven como a niños, por más que te llegue la melodía del hombre solo o que en la calle no quepa nada más que una caricia.

Nares Montero

martes, 31 de agosto de 2010

Blue clouds

El sobre de espidifen abierto en la mesilla. No sé donde estoy. El dolor de cabeza debe haberme durado tanto o más que la vez anterior. La última vez que me sucedió esto juré que me acordaría de todo lo que hiciese, que inventaría un sistema para hacerlo. Como en aquella peli, pero menos sangriento, sin agujas. Me siento al borde de la cama completamente embotada. Mis pies descalzos tocan la moqueta. El vaso de agua que hay junto al medicamento tiene burbujitas, como si hubiera pasado toda la noche a la intemperie. Seguramente eché toda la solución en la boca esperando que la saliva hiciera el resto, de ahí este mal sabor de boca. En el baño una luz de tugsteno alumbra renqueante bajo la puerta. Sólo se ve gracias a los haces que entran por las pocas rendijas abiertas de la persiana echada y todo el polvo volando. Parece que estoy en la habitación de un motel, aunque quizá sea sólo una pensión maltrecha, pero no se oye ruido en el exterior. Ni un alma, ni un coche. Alguien está el baño. El ruido del grifo ha hecho que todo mi cuerpo se tense y los dedos de los pies se hunden ahora en la moqueta como cuchillas. Odio esa sensación, así que alzo las piernas como un resorte y permanezco muy quieta en la cama. El grifo sigue abierto aunque no parece haber evidencias de nada más. Intento recordar. Recuerda, maldita, recuerda, me digo. Miro atenta al fondo de la habitación donde parece haber unos bultos grandes no demasido definidos. Llegan a mi mente algunas imágenes. En una aparezco riendo desencajada. Un ventilador metálico apunta a mi cara y todo el pelo es un alboroto. Cerca hay una pila de botellines de cerveza negra vacíos y una boa en un terrario. El ruido del grifo ha cesado y la manecilla de la puerta del baño parece moverse. No sé si tengo fuerzas suficientes para esconderme así que prefiero hacerme la dormida.


N.M.
(Foto: Pedrezuela 2010. Nares Montero)